Ese sueño que alguna vez parecía imposible, hoy forma parte de mi día a día.

Esta semana completé un proyecto para un cliente muy especial. A una de las socias la conocí en mi camino hacia la Autocompasión y el Mindfulness y, al día de hoy, la considero una persona cercana y querida. Ella vio muchas de mis vulnerabilidades y me acompañó en el proceso de aceptarlas, valorarlas ¡y hasta quererlas!

Cuando comenzamos a hablar de la estrategia de creación de contenidos, el neón de Comunicar para Inspirar se encendió, máxima potencia. Durante meses compartí mi experiencia personal con amigas y contactos para que se animaran al programa de MSC, pero esto abrió una puerta más grande: la de ayudar a comunicar la utilidad, la importancia y el valor de la Autocompasión a muchas personas, en muchos lugares diferentes.

Sé lo que el MSC ha hecho por mí, cómo se convirtió en la última pieza del rompecabezas que resolvía uno de los conflictos más largos y pesados de mi vida. Fue la llave que me llevó a cerrar ese espacio y volver a empezar, ¡feliz!

Manos a la obra.

Entonces empecé a escribir lo acordado con este cliente. Y, mientras más profundizaba en sus contenidos, más volvía a contactar con lo que aprendí, a retomar algunas prácticas informales que sé que me hacen mucho bien. En silencio, a esa hora de la mañana en que el resto del mundo parece no existir, mi computadora y yo, con luz suave y música instrumental, encontrábamos las palabras correctas para expresar los procesos, las elecciones y los cambios que el cliente acompaña con sus participantes.

Recordar cada una de las etapas, de los retrocesos percibidos y los avances sorprendentes, me ayudó a sumar un componente emocional en cada frase, solo para intentar que quien lea eso en el futuro pueda verse reflejado en ese punto A, donde muchas cosas parecen no tener respuesta, solución, final, y luego imaginarse en el punto B, donde su propia fortaleza para tomar las decisiones que generen un bienestar a mediano y largo plazo se consolide.

Se dice que yo hago parecer todo muy fácil, como los chefs de la TV. En realidad, la parte difícil es convivir con las emociones que surgen en el proceso. Si les pierdes el miedo no será glamoroso, ni divertido, ni siquiera digno de Instagram… ¡Pero se hace más fácil!

Le tengo mucha fe a este sitio web en progreso -que seguramente compartiré en mis redes sociales- y al equipo infalible que han conformado estas dos socias, con un profundo deseo de ayudar. Ser parte por unos días, aunque sea indirectamente, de ese equipo, me ha recordado que Comunicar para Inspirar es mi forma de ayudar a otros, a los que buscan respuestas, a los que buscan palabras, a los que están listos para expresarse desde la emoción. ¿Estás listo?

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